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Del miedo al “qué dirán” a la libertad personal - Hilse Peralta

  • Foto del escritor: Angel Tejada Higuera
    Angel Tejada Higuera
  • 26 nov 2025
  • 2 Min. de lectura
Hilse Peralta

A veces una vida cambia no cuando todo se derrumba, sino cuando alguien te obliga a verte de frente. Ese es, en el fondo, el territorio de Hilse Peralta 


Durante años, su historia no parecía apuntar hacia el coaching, el liderazgo o la transformación personal. Al contrario: Hilse venía de un mundo estructurado, matemático, casi quirúrgico. Es actuaria. Números. Orden. Lógica. Nada de eso parecía anunciar a la mujer que hoy se dedica a mover bloqueos, confrontar excusas y empujar a otros a convertirse en una versión más honesta de sí mismos.


Y sin embargo, justo ahí está lo interesante de este episodio: entender cómo alguien aparentemente diseñado para una cosa, termina encontrando su verdadero lugar en otra completamente distinta.


La conversación va revelando que no hubo un solo “clic” mágico, sino una serie de sacudidas. Una de las más importantes fue convertirse en mamá. Ahí, dice Hilse, algo cambió de raíz: dejó de importarle tanto la opinión de los demás y empezó a importarle mucho más la clase de persona que quería ser. Porque una cosa es vivir para encajar. Y otra muy distinta es vivir sabiendo que alguien te está mirando para aprender de ti.


En el episodio, Hilse nos habla de esa trampa cotidiana en la que todos caemos: saber qué hay que hacer… y no hacerlo. Tener claro el siguiente paso… y no darlo. Querer cambiar… pero seguir negociando con la versión más cómoda de uno mismo. Su forma de explicarlo es potente: muchas veces no es que el mundo te esté deteniendo. Eres tú, protegiéndote de ti mismo.


Para Hilse, transformar la vida de alguien más a través de su trabajo no es reconocimiento, no es aplauso, no es autoridad. Es ver que alguien sí se movió. Sí avanzó. Sí cambió. Y la satisfacción de haber jugado un papel en eso.


Lo que hace especial esta conversación no es únicamente que Hilse sea coach. Es que deja ver el costo interno de convertirse en alguien capaz de acompañar a otros. Porque para confrontar, primero hay que haberse confrontado. Para mover a otros, primero hay que haberse movido uno. Y para hablar de transformación sin sonar hueco, primero hay que haber pagado el precio de cambiar.


Estoy profundamente agradecido con Hilse por aceptar mi invitación a platicar en  Decidir y Transformar. Aquí te dejo nuestra charla completa:



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