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Servir para trascender | Alejandro Olivares

  • Foto del escritor: Angel Tejada Higuera
    Angel Tejada Higuera
  • 10 dic 2025
  • 2 min de lectura
Alejandro Olivares

No todo el mundo se sale de su casa a los 19 años con una frase tan seca como definitiva: “¿saben contar? No cuenten conmigo.” Pero esa línea, más que anécdota, parece el punto de partida perfecto para entender a Alejandro Olivares: un hombre al que la libertad nunca le vino como regalo, sino como decisión… y como consecuencia.


Porque este episodio no avanza por la ruta típica del “éxito profesional”. Al contrario. Arranca en un lugar incómodo: una carrera que no le gustaba, una vida partida entre trabajo y estudio, y un esfuerzo larguísimo por terminar algo que, en el fondo, ya sabía que no lo representaba del todo. Quince semestres de ingeniería mecánico-administradora. Quince. Más que muchos médicos. Y aun así, siguió. No por romanticismo, sino por una mezcla de carácter, disciplina y esa terquedad que a veces puede hundirte… o convertirte en alguien imposible de doblar.


Lo interesante es que, mientras cumplía con esa formación técnica, por dentro ya estaba ocurriendo otra cosa. Alejandro no quería diseñar máquinas. Quería formar personas. Quería entenderlas. Quería servirlas.


Para Alejandro, transformar a alguien no es soltarle una frase inspiradora ni decirle “tú puedes”. Es ayudarle a construir hábitos. Repetición. Método. Pequeñas acciones sostenidas. Esa es su forma de ver el cambio real. No como espectáculo, sino como estructura. Por eso sus historias más potentes no son las de grandes discursos, sino las de alumnos que años después regresan a decirle que una observación, un consejo o una mirada distinta cambió el rumbo de su vida.


Pero si algo distingue este episodio de otros, es que la conversación nos permite una visión privilegiada de un proyecto excepcional: La Virgen en todos lados.


Lo que empezó en pandemia con una barda grafiteada, una ocurrencia medio barrial y una promesa aparentemente absurda, terminó convirtiéndose en una red de imágenes de la Virgen colocadas en calles, colonias y comunidades, no sólo en Monterrey o México, sino en más de 120 países. La idea no nació como estrategia. Nació como intuición, como terquedad, como acto de fe… y luego se volvió sistema.


De mi conversación con él, concluyo que Alejandro no parece moverse por una ambición de lucimiento. Lo mueve otra cosa. Una necesidad profunda de construir, de formar, de dejar marcas visibles e invisibles en la vida de otros. A veces a través de una conferencia. A veces a través de un hábito. A veces a través de una imagen de la Virgen clavada en una barda donde antes no había nada.


Te invito a ver nuestra charla completa y a compartirme tus opiniones:



Angel Tejada Higuera

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